Aunque sea una contradicción en sí mismo, el nombre del blog tiene su justificación.
El periodismo está instalado en la desidia lingüística. Se usan las palabras que nos suenan que pueden ir en un lugar sin pararnos a pensar si son correctas o no. “Nominar” o “ignorar” son dos de ellas que pasaron el cada vez menos estrecho tamiz de la RAE. Muchas son calcos del inglés, como los dos ejemplos citados. Otras, son interpretaciones erróneas de la definición, como el caso de la violencia de “género” (ya hablaré otro día de ésta), que, por lo menos, demuestran un cierto conocimiento. Y, por último, están las que hacen ver que quien habla no sabe lo que dice.
En esta última categoría entra la palabra “anónimo”. El significado estricto es “sin nombre”, pero el que se le está dando en los medios de comunicación (en todos, no se me excusen) es el de “persona no famosa”. Así, en laSexta tienen un programa de reportajes periodísticos, del estilo de Mi cámara y yo, llamado Vidas anónimas que consiste en contar la vida de gente normal y corriente que, pese a no ser famosos, tienen nombres.
E incluso apellidos.
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