El dedo en el ojo

Ayer estuve en la manifestación laica, así que me perdí como Mourinho le metía el dedo en el ojo a Tito Vilanova. Sin embargo, sí vi cómo los asistentes, voluntarios y simpatizantes de la JMJ nos metían un dedo en el ojo a los que defendemos una separación real entre el estado y la iglesia.

Igual que se nos convocó a todos los ciudadanos a manifestarnos, ellos también fueron convocados. La diferencia fundamental es que la manifestación que partía de Tirso de Molina estaba autorizada y la otra no. No pasa nada porque se concentren, no me importa que me insulten y me parece hasta cómico que se pongan a rezar el rosario. Lo que no me parece correcto ni razonable (o, como dirían ellos, «justo y necesario») es que corten el recorrido de una manifestación y que la Policía Nacional, que estaba presente, no hiciese nada.

El derecho a manifestarse está recogido en el artículo 21 de la Constitución Española de 1978. En él se dice que:

En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que sólo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes.

La autoridad pertinente en este caso es la Delegación del Gobierno en Madrid, que recibió la comunicación y autorizó la manifestación.

Por si fuese poco, el segundo punto del artículo 3 de la Ley Orgánica 9/1983, reguladora del Derecho de Reunión dice que:

La autoridad gubernativa protegerá las reuniones y manifestaciones frente a quienes trataren de impedir, perturbar o menoscabar el lícito ejercicio de este derecho

Evidentemente, esto no sucedió. Pese a que la intención inicial era regresar a Tirso de Molina, la manifestación se terminó en Sol cuando un grupo de asistentes a la JMJ cortaron el paso de la cabecera de la manifestación sentándose en el suelo y enganchándose por los brazos entre ellos. Creo que esta actitud «impide, perturba y menoscaba el lícito ejercicio» del derecho de reunión pacífica.

Al final, se acabó disolviendo la manifestación autorizada a golpe de porra y sin aviso previo (requisito imprescindible cuando no hay violencia o armas). Sin ser un experto en derecho, creo que la responsabilidad recae directamente en la «autoridad gubernativa» que, como decíamos antes, es la Delegación del Gobierno.

Tras la manifestación, cuando todo estaba tranquilo, se sucedieron las retenciones de todo tipo de personas, simplemente porque pasaban por allí o respondían a provocaciones de otros (esto lo viví en primera persona, no es un invento). Eso sí, jóvenes y no tan jóvenes de la JMJ iniciaron una especie de marcha por la calzada de la calle Postigo de San Martín (que estaba abierta al tráfico) y en contradirección.

A continuación os dejo algunos tuits de gente que estuvo allí y que vivió todo en primera persona:

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11 comentarios

  1. El Estado español sufre de una debilidad: Sus responsables políticos y los agentes del orden público carecen de los conocimientos necesarios imprescindibles de aquello que se denomina «cultura democrática». Un Estado democrático no viola los fundamentos del derecho, el pilar que le da consistencia, aquello que lo estructura. Mal vamos, mal camino, así se entiende que las cosas, como opinan muchos, no cambien.
    c. arenal

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