«O país en garda» es mi primera colaboración con Praza Pública y tiene como origen un comentario al editorial Man de oposición en luva de xerente. La idea de extenderlo para hacer un artículo fue de Filipe Díez (¡gracias!). Aquí os dejo la traducción al castellano para aquellos que no entendáis el gallego u os dé pereza intentarlo.

El editorial de Praza del 30 de noviembre sobre la investidura de Feijóo como presidente gallego terminaba con una frase de tres palabras («O país agarda»). Es la frase más sencilla que uno pode imaginar. Sujeto y predicado. Nada más. Pero detrás de esa simplicidad gramatical se esconde un país acechante, alerta, que vigilará al presidente de Galicia, ese gestor metido a político que más parece un político fingiéndose gestor.  

Sin embargo, esas tres palabras me causaron una profunda inquietud. Aguardar es una actitud pasiva y, por más vigilante que sea esta quietud, la inacción no debe ser una opción en este tiempo y en este país. La pasada legislatura y sus consecuencias nos dieron demasiados motivos como para que quedemos con la única tarea de ser centinelas.

«O país agarda», sí, y vigila. Pero el país está quedándose sin tiempo, el país agoniza. Feijóo hace por no verlo, consagrado coma está a la máxima merkeliana del  «déficit cero». El presidente obvia que este objetivo no es la panacea, que lejos de ser la solución a todo los males que nos afligen, más bien es su causa, y que, por lo tanto, no puede conquistarse a cualquier precio.

No es aceptable conseguirlo con el despoblamiento y la ruina del rural; dándole la espalda a las familias; acordándose de nuestra lengua sólo para condenarla; favoreciendo a las grandes empresas y perjudicando a las PYMES; obviando la creciente emigración; recortando los servicios básicos; permitindo e incluso fomentando que el país pierda su sistema financiero; ridiculizando a los demás partidos y, por lo tanto, os sus votantes; olvidándose de incentivar un tejido empresarial que vertebre nuestra sociedad… Ultrajándolos.

«O país agarda» y necesita políticas más sociales, orientadas a los ciudadanos, a las empresas, al sector primario (el auténtico motor de Galicia). Ahora falta por ver si unos son capaces de llevarlas a cabo y si los otros lo son de hacer ver que no se hacen.

Y, mientras tanto, el pueblo también espera. Pero espera por nimiedades que están muy lejos de las grandes cifras de la macroeconomía: que les llegue el sueldo a fin de mes; que no suban el IVA, el IRPF y demás impuestos; que no bajen más las pensiones (el otro motor de Galicia); que no muera el rural que mantiene vivos a tantos pueblos que viven de espaldas a él; que paren los desahucios…. Pequeñeces.

Esperemos, sí, pero esperemos activamente. Los centinelas se duermen en las garitas. Hagamos algo durante la espera.

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