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Las “predicciones” del pulpo Paul

Me llama la atención la expectación que están creando las “predicciones” del pulpo Paul. Es el nuevo oráculo de Delfos, pero en lugar de ser un pitón, es un pulpo; y, en lugar de estar en un templo griego dedicado a Apolo, está en un acuario de Oberhausen (Alemania). Como en la antigüedad hay gente que lo toma con respeto, casi con reverencia, mientras que otros se acercan a él con una mal disimulada sorna.

Al parecer el acierto del cefalópodo supera lo estadísticamente probable y ronda (si no lo alcanza) el 100% de aciertos (sólo falló el resultado de la final de la Eurocopa pasada, otro España-Alemania). Hoy dijo que ganará España. Veremos qué pasa mañana.

La otra vertiente de esto es que no entiendo la relevancia que está teniendo en la prensa y las televisiones. Se desperdicia un montón de tiempo para una curiosidad, para una anécdota que, encima, se repite durante todos los grandes certámenes deportivos en distintos lugares del mundo. Esto es algo que dice bien poco del rumbo que está tomando el periodismo deportivo y de los consumidores de dicho periodismo.

“Sinceramente, no me apena que muera un fascista”

Como ya todo el mundo sabe a estas alturas, ha muerto Juan Antonio Samaranch. En general todo son lamentaciones públicas, ditirambos (como dice @ikaitor) y pésames a la familia. Pero me llamó la atención un comentario leído en Twitter que decía: “Sinceramente, no me apena que muera un fascista”.

No digo yo que todo el mundo tenga que adorar al difunto y convertirlo en objeto de homenajes y fastos tan desmesurados como tardíos. Incluso me parecería normal que alguien dijese: “Sinceramente, no me apena que muera un señor de 89 años”. Pero por fascista… no lo acabo de ver. Tan fascista como Samaranch era el idolatrado Adolfo Suárez, padre de nuestra democracia, o Íñigo Cavero y Manuel Fraga, padres de la Constitución. Casi todo el mundo que tuvo algo que ver con la política y la economía en la época del franquismo tuvo que ver con Falange.

De las dos vías que había en España para triunfar, la oficial y la subrepticia, Samaranch, al igual que Suárez, eligió la fácil. Eran otros tiempos y la oposición se pagaba con el ostracismo, el exilio o la prisión.

Presentación

Primer post de este blog.

Lo primero que debo decir es que no hay una línea editorial ni nada que se le parezca. Mi intención es hablar de todo un poco: tecnología, literatura, internet, deporte… de cualquier cosa. Incluso de religión e historia. Y, sí, también habrá alguna que otra frikada. Hasta puede que, de vez en cuando, se cuele algo personal, aunque lo veo poco probable.

Pues eso, ahora, a ver lo que dura.