Si debéis culpar a alguien de lo pesado que soy con la tipografía (mi contraria dice que roza la obsesión), que sepáis que hay dos culpables principales: mi padre y mi abuelo materno. Mi padre, por su trabajo en el registro de la propiedad; mi abuelo, por su perfeccionismo y por una anécdota que contaré más abajo.
Voy a explicaros por qué son culpables, a repasar los responsables secundarios y a amnistiarlos a todos. Seguir leyendo

