Recomendaciones de escritura sobre la boda real británica

En La boda real en imágenesJavier Tascón ha elaborado para el manual de estilo de la Fundéu una infografía que muestra de forma visual y fácil algunas recomendaciones de escritura sobre la boda real británica: Qué irá en mayúsculas, qué en minúsculas, cómo se han de escribir los nombres y qué diferencias hay entre Inglaterra, Gran Bretaña y Reino Unido.

Recomendaciones de escritura sobre la boda real británica

Si os dedicáis al periodismo es imprescindible; para los demás, más que práctico.

Relacionada con Por qué traducir los nombres de personas al castellano.

Por qué traducir los nombres de personas al castellano

Catalina en carroza es un artículo de Magí Camps para la Fundéu sobre la traducción de los antropónimos (nombres propios de personas) de una lengua a otra.

En él se explica que en la Edad Media y en siglos posteriores era costumbre que se adaptaran los nombres propios a los distintos idiomas nacionales. Como ejemplo, cita el del mallorquín Ramon Llull, “traducido” como Raimundo Lulio en castellano, Raimundus Lullius en latín o Raymond Lully en inglés.

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Literalmente

“Despistarse”, “perder los estribos” o “dar rienda suelta” tienen un sentido figurado que es el que todos entendemos (según la RAE “andar desorientado en algún asunto o materia”, “desbarrar, hablar u obrar fuera de razón” y “dar libre curso”, respectivamente). Pero también tienen otros sentidos, más literales. Y esos son los que recoge Daniel Burgui en su entrada Literalmente, de la que vilmente copio el título.

Como siempre, merece la pena leer a Dani. En Literalmente, muestra su sentido del humor y su buen hacer a la hora de escribir.

Confusiones lingüísticas que me irritan

Ayer decía en Twitter:

Me molesta mucho cuando la gente confunde “honesto” con “sincero”, “emergencias” con “urgencias” y “Oriente Medio” con “Oriente Próximo”

A lo que @Joansinmiedo me respodió que hiciese unos tuits didácticos. Como soy de enrollarme más allá de lo humanamente soportable, los 140 caracteres de Twitter se me iban a quedar, como mínimo, cortos. Así que preferí escribir esta entrada.

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La palabra que no se puede escribir

Henar León me hace llegar por Twitter una entrada tan breve como interesante sobre una palabra que no se puede escribir en castellano. No se trata de un término en otro idioma o de algún tipo de grafía extraña. Es una forma verbal castellana. La palabra que no se puede escribir es, ni más ni menos, el imperativo de salirle (“salirle al paso a alguien”, por ejemplo).

¿Cuál es la razón de que este imperativo no sea representable gráficamente? La que Eosar (autor del post en cuestión) recibió como respuesta a su consulta a la RAE:

La interpretación forzosa como dígrafo de la secuencia gráfica ll en español hace imposible representar por escrito la palabra resultante de añadir el pronombre átono le a la forma verbal sal (imperativo no voseante de segunda persona de singular del verbo salir), oralmente posible si, por ejemplo, ordenáramos a alguien salir al paso o al encuentro de otra persona aludida con el pronombre le: [sál.le al páso], [sál.le al enkuéntro]. Puesto que los pronombres átonos pospuestos al verbo han de escribirse soldados a este, sal + le daría por escrito salle, cuya lectura sería forzosamente [sá.lle], y no [sal.le].

Es un caso tremendamente curioso y, como se dice en la entrada original, “quizá sea el único bug de la ortografía española”.

Creo que a Xosé Castro le gustará este caso.

Por cierto, que el blog en el que está este post, Un arácnido una camiseta es muy interesante.

Antisemitismo

Por mor del (mal) uso y, sobre todo, del abuso, la palabra semita ha pasado a identificarse con judío. Así, cualquier persona que esté en contra de los judíos (religiosa o políticamente, cuando se asimilan al estado de Israel), pasa a ser automáticamente antisemita.

Según la RAE, semita es:

  • adj. Según la tradición bíblica, descendiente de Sem. U. m. c. s.
  • adj. Se dice de los árabes, hebreos y otros pueblos. U. m. c. s.
  • adj. Perteneciente o relativo a estos pueblos.

Estos “otros pueblos” de los que habla la RAE son, según la Wikipedia todos los pueblos que hablen amhárico (Etiopía), árabe (norte de África, península Arábiga y Oriente Próximo), arameo (Oriente Medio y Oriente Próximo), ge’ez (Etiopía, Eritrea e Israel), hebreo (Israel), maltés (Malta) y tigriña (Eritrea y Etiopía). Por lo tanto, la extensión geográfica y humana de los pueblos semitas abarca mucho más que lo representado meramente por el pueblo judío.

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Palabras, metáforas e insultos

Decía Friedrich Nietzsche que las palabras son metáforas y que a medida que se usan van perdiendo su sentido, hasta que quedan vacías.

Hoy leo un reportaje de Juan Cruz en El País titulado El lenguaje de la basura que me recordó la reflexión del filósofo alemán. Juan Cruz repasa el lenguaje televisivo en el que el insulto campa a sus anchas para, a través de una cita de José Luis Cuerda (“las palabras se han abaratado”), afirmar que “la costumbre del insulto ha arraigado de tal manera que los insultos se televisan”.

También recurre a Juan Marsé para mencionar el hecho de que los moderadores no son tales y que, más bien, azuzan a los invitados para que sigan insultándose cada vez más y más. Estos moderadores siguen la máxima, verbalizada por Marsé, de “si no hay polémica, no hay espectáculo”.

Y en estas estamos, la programación de televisión (en especial de algunos canales) hacen que los insultos, como las metáforas nietzschianas, cada día pierdan un poco más de sentido, cada vez harán falta nuevas palabras para ofender, bajar a las simas cada vez más profundas de la ignominia.